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26 ene 2026
Ana Teresa Sucre
Tabla de contenidos
La ansiedad es uno de los problemas de salud mental más frecuentes de nuestro tiempo. La mayoría de las personas la experimentan en algún momento de sus vidas, aunque no siempre sepan ponerle nombre. A veces aparece como un miedo intenso, otras como una inquietud constante que interfiere con la vida cotidiana y las actividades diarias.
Muchas personas viven la ansiedad intentando controlarla o haciendo que desaparezca. Pero cada vez más miradas coinciden en una idea simple pero profunda: la ansiedad no necesita ser eliminada, necesita ser comprendida. En este artículo exploramos qué es la ansiedad, cuáles son los síntomas, por qué aparece y cómo empezar a manejarla de una forma más clara y compasiva.
¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante un peligro real o percibido. Funciona como una alarma interna que se activa para prepararte y protegerte. Cuando el cerebro detecta una amenaza, envía señales al cuerpo para que esté listo para actuar. Esta reacción es automática y tiene un objetivo claro: mantenerte a salvo.
Ansiedad normal vs. ansiedad patológica
La ansiedad normal aparece en situaciones puntuales:
Antes de un examen.
Al hablar en público.
Frente a determinadas situaciones sociales.
En estos casos, el nivel de ansiedad baja cuando la situación específica termina.
La ansiedad patológica o problemática se caracteriza por:
Preocupación constante.
Sensación de alerta permanente.
Interferencia con las actividades cotidianas.
Aquí la ansiedad deja de ser una ayuda y empieza a interferir con tu bienestar.
Desde una mirada terapéutica, la ansiedad puede entenderse como una parte interna que intenta protegerte, anticipando peligros para evitar que sufras. Más adelante veremos cómo se trabaja esto desde IFS.
¿Cómo funciona la ansiedad?
Para entenderla mejor, es importante mirar qué ocurre en el cerebro y en el cuerpo cuando esa alarma se enciende.
La ansiedad desde la neurociencia: el cerebro en modo alarma
En el centro de la ansiedad está la amígdala, una estructura del cerebro encargada de detectar amenazas. La amígdala no piensa, reacciona. Su función es muy básica y constante: ¿Estoy a salvo?
Cuando percibe peligro, aunque sea solo a nivel emocional, ocurre lo siguiente:
Envía una señal de alarma
Activa el sistema nervioso
Prepara al cuerpo para luchar, huir o congelarse
Este sistema es muy útil en situaciones de peligro real. El problema aparece cuando la amígdala:
Confunde peligro físico con peligro emocional
Aprende, a partir de experiencias pasadas, que ciertas situaciones “no son seguras”, aunque hoy sí lo sean.
Por eso, situaciones cotidianas como una conversación difícil, un error o un cambio pueden activar ansiedad intensa.
Corteza prefrontal vs. amígdala
La corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada del razonamiento, la perspectiva y la regulación emocional, intenta calmar la alarma.
Pero cuando la ansiedad es intensa:
Esta parte pierde poder
El cerebro emocional toma el control
Por eso, muchas veces “saber que no pasa nada” no calma.
La ansiedad no se resuelve solo pensando distinto, porque no nace en el pensamiento, sino en circuitos emocionales profundos que aprendieron a reaccionar así.
La ansiedad desde la biología: el cuerpo en supervivencia
Cuando la alarma se activa, el cuerpo libera sustancias diseñadas para la supervivencia:
Adrenalina, que genera alerta, tensión y rapidez
Cortisol, que aporta energía para responder al peligro
Esto provoca sensaciones muy reconocibles:
Aceleración del corazón
Respiración superficial
Tensión muscular
Desvío de energía de la digestión y el descanso
Hipervigilancia
Biológicamente, el cuerpo interpreta: “Ahora no es momento de sentir, descansar ni digerir. Es momento de sobrevivir.”
Cuando la ansiedad se cronifica
Si este estado de alerta se mantiene en el tiempo:
El sistema nervioso se queda en activación constante
Aparecen agotamiento, insomnio, problemas digestivos o inflamación
El cuerpo pierde la referencia interna de seguridad
Por eso es importante entender que la ansiedad crónica no es solo mental.
Es un estado fisiológico aprendido, en el que el cuerpo se acostumbró a vivir como si el peligro nunca terminara.
Desde aquí, la ansiedad deja de ser una reacción puntual y se convierte en una forma de estar en el mundo.
¿Qué causa la ansiedad?
La ansiedad no tiene una sola causa. Suele ser el resultado de varios factores que se combinan entre sí. A continuación mencionamos algunas causas de la ansiedad:
Factores biológicos y neuroquímicos
Algunas personas tienen un sistema nervioso más sensible y un mayor riesgo de desarrollar ansiedad. Sustancias como la serotonina, el cortisol o la adrenalina influyen en cómo reaccionamos al peligro.
Adrenalina, que acelera el corazón y la respiración
Cortisol, que mantiene al cuerpo en alerta
También existe una predisposición genética: no determina tu destino, pero puede influir en cómo responde tu sistema nervioso al estrés.
Estos factores de riesgo están respaldados por investigaciones de organismos como el NIMH / NIH, referentes en la salud pública en Estados Unidos.
Influencia del entorno y experiencias de vida
Las experiencias que vivimos, especialmente en la infancia, moldean nuestro sistema nervioso.
Ejemplo: Si creciste en un ambiente donde había discusiones constantes, tu cuerpo pudo aprender que estar relajado no era seguro.
Cambios importantes, pérdida de un ser querido, presión laboral, exigencia constante, relaciones inseguras o entornos impredecibles pueden entrenar al cuerpo a vivir en estado de alerta. El cuerpo recuerda incluso aquello que la mente no puede explicar con palabras.
Estilos de pensamiento y predisposición psicológica
Algunos patrones mentales aumentan la ansiedad:
Pensar siempre en lo peor que podría pasar
Necesidad de control
Autoexigencia elevada
Dificultad para tolerar la incertidumbre
Ejemplo: Si no sé qué va a pasar, mi mente inventa escenarios para sentir que está preparada.
¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?
Los síntomas de ansiedad pueden aparecer a nivel físico, emocional, mental y conductual. Se manifiesta de formas muy distintas y no siempre iguales en todas las personas.
Síntomas físicos
Palpitaciones
Respiración rápida o sensación de falta de aire
Nudo en el estómago
Dolores de cabeza
Mareos
Sudoración
Tensión muscular
Ejemplo: sentir que el corazón se acelera al recibir un mensaje inesperado.
Síntomas emocionales
Nerviosismo constante
Miedo intenso sin razón aparente
Sensación de que “algo malo va a pasar”
Dificultad para relajarte
Ejemplo: estar inquieto incluso en momentos tranquilos.
Síntomas cognitivos
Pensamientos acelerados
Ideas negativas repetitivas
Miedo a perder el control
Problemas para concentrarte
Ejemplo: darle vueltas una y otra vez a la misma preocupación.
Síntomas conductuales
Evitar situaciones sociales
Aislarte
Procrastinación
Búsqueda constante de seguridad
Ejemplo: dejar de ir a reuniones por miedo a sentir ansiedad
Tipos de trastornos de ansiedad
Cuando la ansiedad es intensa, persistente y afecta la vida diaria, puede tomar distintas formas.
Trastorno de ansiedad generalizada (TAG)
Preocupación constante por múltiples áreas
Dificultad para controlar la preocupación
Sensación de tensión casi permanente
Ataques de pánico y trastorno de pánico
Un ataque de pánico es un episodio puntual de miedo intenso con síntomas físicos como palpitaciones o sensación de ahogo.
El trastorno de pánico aparece cuando:
Los ataques se repiten
Existe miedo constante a que vuelvan a ocurrir
Fobias específicas
Miedo intenso y desproporcionado a situaciones u objetos concretos:
Aviones
Agujas
Alturas
Animales
Conducir
Trastorno de ansiedad social
También llamado fobia social, implica un miedo intenso a ser juzgado o a hacer el ridículo en situaciones sociales:
Hablar en reuniones
Conocer nuevas personas
Exponerte públicamente
Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) y Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)
Estos trastornos mentales, aunque no son exactamente trastornos de ansiedad, la incluyen como parte central:
TOC: pensamientos obsesivos y conductas repetitivas
TEPT: ansiedad relacionada con eventos traumáticos pasados
¿Cuándo la ansiedad se vuelve un problema?
La ansiedad se vuelve un problema cuando:
Interfiere con tu vida diaria
Afecta tus relaciones
Dificulta el trabajo o el descanso
Genera evitación constante
Provoca síntomas físicos persistentes
Algunas personas intentan manejarla con abuso de sustancias como el alcohol o drogas, que puede agravar el problema.
En estos casos, es importante consultar con un profesional de la salud mental o un proveedor de atención médica.
¿Cómo manejar la ansiedad? Técnicas y consejos prácticos
Estrategias de regulación emocional
La regulación emocional implica desarrollar la capacidad de reconocer lo que sientes sin dejarte arrastrar por ello.
Practicar mindfulness: consiste en entrenar la atención para estar en el presente, observando pensamientos y sensaciones corporales sin intentar cambiarlos. Por ejemplo, notar cómo respiras o qué tensión aparece en tu cuerpo puede ayudarte a bajar la activación.
Identificar y nombrar emociones: ponerle nombre a lo que sientes (miedo, preocupación, inseguridad) reduce su intensidad. Cuando una emoción se nombra, el sistema nervioso empieza a organizarse.
Tratarte con autocompasión: hablarte con amabilidad, como lo harías con alguien que quieres, disminuye la exigencia interna que suele alimentar la ansiedad.
Comprender tu nivel de ansiedad sin juzgarte: en lugar de preguntarte “¿qué me pasa?”, puedes empezar por “¿qué necesita esta parte de mí ahora?”. Esta mirada reduce la lucha interna.
Respiración y grounding
Estas técnicas son especialmente útiles en momentos de alta activación, durante situaciones estresantes o episodios de pánico.
Respiración 4-6: inhalar durante 4 segundos y exhalar durante 6 ayuda a enviar una señal de calma al sistema nervioso, reduciendo la respuesta de alarma.
Ejercicio 5-4-3-2-1: consiste en identificar 5 cosas que ves, 4 que sientes con el tacto, 3 que escuchas, 2 que hueles y 1 que saboreas. Este ejercicio ancla la atención en el presente y ayuda a salir del bucle ansioso.
Hábitos diarios y apoyo
La ansiedad también se regula desde lo cotidiano. Pequeños cambios sostenidos pueden marcar una gran diferencia:
Priorizar el descanso y dormir bien.
Reducir el consumo de cafeína y estimulantes.
Realizar actividad física suave, como caminar o estirarte.
Apoyarte en otras personas y participar en grupos de apoyo, lo que reduce la sensación de aislamiento.
En algunos casos, el proveedor de atención médica puede indicar ansiolíticos, antidepresivos o benzodiazepinas, explicando sus posibles efectos secundarios. Estos recursos no sustituyen la terapia cuando la ansiedad es persistente.
¿Cómo trabaja la terapia IFS la ansiedad?
La terapia IFS (Internal Family Systems) parte de una idea fundamental: no eres tu ansiedad.
Desde este modelo, la ansiedad no se ve como un síntoma que hay que eliminar, sino como una parte interna protectora. Su función es mantenerte alerta para prevenir el dolor o el peligro, y muchas veces se forma a partir de experiencias tempranas donde no hubo suficiente sensación de seguridad.
En lugar de luchar contra la ansiedad, IFS propone un camino diferente:
Escuchar la ansiedad sin juzgarla
Comprender qué está protegiendo
Acompañarla para que no tenga que cargar sola con esa responsabilidad
Cuando esta parte se siente vista y comprendida, no necesita gritar tan fuerte y su intensidad disminuye. El cuerpo deja de estar en constante alerta y recupera la capacidad de responder con mayor calma y flexibilidad ante situaciones estresantes.
La ansiedad no es una falla, sino una señal de que algo dentro de ti necesita atención y cuidado.
Si quieres trabajar tu ansiedad desde un enfoque compasivo y profundo, en lapractica puedes hacerlo con terapeutas especializados en terapia IFS.
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Preguntas frecuentes
¿Cómo vivir con una persona con ansiedad?
Con empatía y sin minimizar lo que siente, ni decir frases como “no es para tanto” o “relájate”. La ansiedad no se elige ni se controla con fuerza de voluntad. Escuchar, validar sus emociones y fomentar apoyo profesional puede marcar una gran diferencia.
¿Es normal sentir ansiedad todos los días?
Puede ocurrir, pero no debería sentirse como un estado constante de malestar. Si la ansiedad es diaria, intensa o agotadora, es una señal de que necesita atención.
¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y estrés?
El estrés suele tener una causa clara y disminuye cuando la situación pasa. La ansiedad puede mantenerse incluso sin un desencadenante evidente, como un estado de alerta constante.
¿La ansiedad es una enfermedad mental?
Forma parte de los trastornos de salud mental, pero es comprensible y tratable. Está relacionada con el funcionamiento del sistema nervioso y la historia emocional de cada persona. Con acompañamiento adecuado, la ansiedad puede abordarse y mejorar significativamente.
¿La ansiedad tiene cura o solo se controla?
Puede transformarse profundamente cuando se trabaja su origen. No se trata solo de controlar síntomas, sino de generar mayor seguridad interna y regulación emocional.
¿Cómo saber si lo que tengo es ansiedad?
Si los síntomas son persistentes y afectan tu bienestar o tu vida diaria, consultar con un profesional de la salud mental es el mejor primer paso.
Por
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Ana Teresa Sucre trabajó más de 12 años liderando proyectos de marketing para marcas globales como Hewlett Packard, Revlon y Microsoft, antes de descubrir que su verdadera pasión estaba en el área de salud mental y bienestar. Desde entonces, se ha formado, explorado y vivido distintos enfoques terapéuticos.
A partir de su propio proceso personal, se acercó al modelo terapéutico Internal Family Systems (IFS), un enfoque que ha transformado su manera de comprender y relacionarse con su mundo interior. En 2024 completó la certificación oficial de Nivel 1 (Instituto IFS).
Hoy forma parte del equipo de lapractica, donde une su experiencia profesional con su propósito personal: brindar herramientas a otros en su camino hacia una vida más consciente, conectada y auténtica.
Este artículo refleja su experiencia personal y no sustituye asesoramiento psicológico profesional.
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